miércoles, 2 de mayo de 2007

La semilla


Se cuenta que en el año 250 A.C., en China, un príncipe iba a ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, debía casarse antes. Así que decidió seleccionar entre las muchachas de la corte para ver cual sería digna de ser su esposa. El príncipe anunció que recibiría en una fiesta a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió tristeza porque sabía que su hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe.

Al llegar su casa se lo contó a la joven y se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:"¿Hija mía, que vas a hacer allí? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea de la cabeza. Sé que estas sufriendo, pero no conviertas el sufrimiento en locura".

Y la hija respondió: "No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe".

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas y las más bellas joyas. Entonces, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Deben cultivarla con amor y hacerla crecer. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será la escogida".

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada nació. Día tras día, veía más lejos su sueño,

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío.

Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado.

Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe explicó: "Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad.

Todas las semillas que entregué eran estériles".

"SI PARA VENCER, ESTUVIERA EN JUEGO TU HONESTIDAD, PIERDE. Y SERÁS SIEMPRE UN VENCEDOR".

3 comentarios:

Mary dijo...

Así es, querido amigo, la honestidad es una de las virtudes que más valoro en las personas. Siendo honestos, siempre ganamos algo muy importante, la confianza y el respeto de los demás; si los demás no confían en nosotros, jamás conseguiremos su respeto. Por muy simple que parezca, siendo honesto con uno mismo, es mucho más fácil serlo con los demás...

Bonita historia, no la conocía.

titania dijo...

Preciosa historia Toni.
Honestidad, virtud de virtudes.

besos y sonsisas mil

Anónimo dijo...

Estoy alucinando...
Encontrar precisamente hoy este post (aunque lo escribieras hace días) me acaba de demostrar, una vez más, que nada pasa por casualidad.
Siempre he "odiado" ser tan transparente y que todo el mundo sepa qué siento o qué pienso; hoy me han aconsejado que "me disfrace", que disimule y que use otras armas menos evidentes.
Estaba planteándomelo, pero acabo de leer tu historia y lo he visto claro: Paso, ésa no sería yo.
Gracias por la moraleja.
Un beso