Al sumergirme, mi cuerpo se sosegó y encontró su calma.
Dentro de mí emanaron memorias de mi propia existencia, de mi propia esencia.
Reconocí mi centro como el inicio y el origen de un todo, que despertó de forma clara mi consciencia.
Mis sentidos percibieron la vibración vital de mí ser.
Sentí que era agua en agua, por fin había regresado a casa.
jueves, 15 de abril de 2010
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