
Hace unos días escribí en un foro un pequeño texto relativo al poder de los estímulos. Y he recibido una respuesta que me ha gustado. Tanto que traigo aquí el texto y la respuesta para compartirla con todos.
“Algunas veces una canción, una frase o un olor. Es capaz de trasportarnos a un lugar concreto. Sin que lleguemos a comprender cual es la relación entre el lugar y el estimulo.
Hoy mismo me ha pasado, una muestra de perfume, me ha llevado directamente al Puntal de la Caldera.
¿Como puede ser que un olor te lleve a un sitio tan concreto?
Ni idea. El lugar, impresionante y al que espero volver pronto, es el de la foto.
Quizá mirando la foto alguien pueda olerlo.”
Flavia responde:
"Durante mis visitas a Combray, regresaba siempre con una concupiscencia inconfesada a sumergirme en el olor mediano, viscoso, soso, indigesto y afrutado de la colcha de flores de mi tía Leonie...".
Este fragmento de "En busca del tiempo perdido" de Proust resume muchas de las características de la experiencia olfativa.
Y es que la conexión entre olor, memoria y emoción (conocida como fenómeno proustiano) tiene una base anatómica. La corteza olfatoria, que recibe información de olores a través de los nervios de la nariz, está unida directamente con la amígdala, una estructura cerebral que controla la expresión y la experiencia de las emociones, y al hipocampo, que a su vez controla la consolidación de los recuerdos (memoria).
Los recuerdos evocados por olores pueden parecer más nítidos o más intensos que otros recuerdos, porque son más emocionales que los recuerdos desencadenados por estímulos visuales, auditivos o táctiles. A pesar de que los olores no ayudan a la gente a recordar más información, los recuerdos que evocan están más cargados de contenido emocional.”
Pues gracias Flavia, hoy he aprendido un poco más.
Pues gracias Flavia, hoy he aprendido un poco más.






