
La vida es como un río por el que fluimos. Algunas veces por un rápido, todo sucede deprisa y apenas si tienes tiempo para pensar y mucho menos para pensar en los demás. Otras, sin embargo la corriente te mece suavemente y te dejas llevar mientras, acerca o aleja personas de tu lado.
Otras veces crees haber encontrado a alguien interesante y haces un esfuerzo para acercarte y fluir durante un rato juntos. Pero no siempre es posible, las corrientes y el que ese otro nade hacia ti, o permanezca inmóvil, también determina si llegarás a su lado o tendrás que abandonar, exhausto de nadar contracorriente.
Y en este fluir, vamos creciendo y aprendiendo. Algunos dejamos pequeños trozos de nosotros mismos que también son arrastrados y crecen con sus propias experiencias.
Algunas veces caemos en remolinos de los que se hace difícil salir sin haber aprendido algo antes. O alguien que ha estado durante muchos años a nuestro lado, de pronto desaparece dejando en su lugar un vacío enorme, que vanamente intentamos llenar con recuerdos.
Hay días en los que nos sentimos absolutamente solos y otros en los que encontramos a alguien nuevo cerca o nos reencontramos con alguien con quien compartimos viaje tiempo atrás.
Cuando has recorrido como yo más de la mitad del camino, el río se hace caudaloso y tranquilo. La experiencia pesa, te mueves más lentamente y mides bien los esfuerzos por acercarte o alejarte. Y continúas avanzando hasta que pases a ser uno con el mar.

1 comentario:
Acabo de venir se ven las montañas preciosas vestidas de blanco... Tu texto me ha puesto algo triste o melancólica. Estoy en una experiencia que no se si me llevará a alejarme o a acercarme a ese alguien por el que lucho, ya te contaré cuando nos tomemos ese café :)
Publicar un comentario