
Definir Watsu con palabras es, como poco, difícil. Creo que es de esas cosas que no deberían intentar definirse. Cuando dicen que es una terapia acuática, o Shiatsu en el agua, es como…
Mejor pondré un ejemplo. Imaginad un paseo por la playa. La arena bajo tus pies, la brisa en la cara, ese olor a mar, la luz de un amanecer, el sonido de las olas. La frescura del agua que acaricia tus pies. Las sensaciones, libertad, soledad, tranquilidad…
Pues imaginad definir eso como: “Mantener una posición vertical y adelantar los pies alternativamente”
Ese es el equivalente a lo que se siente durante una sesión y definirlo como terapia acuática o masaje.
No hay palabras para definir lo que se crea durante una sesión de Watsu.
Quizá os sirva como referencia lo que le pasó el último día a mi compañera Elisa.
Por la tarde convencieron a varias personas del pueblo para que recibieran una sesión de Watsu, avisándoles que éramos novatos y que lo que iban a recibir, dista mucho de lo que una verdadera sesión de Watsu puede dar.
El caso es que Elisa termino su sesión, dejo a su “paciente en practicas” pegada a la pared y se retiro un poco, siguiendo lo que habíamos aprendido. Cuando pasaron unos segundos la mujer abrió los ojos y se puso a llorar, se acerco a Elisa y la abrazo largamente.
Fue un momento mágico para las dos. Eso es Watsu es más que un masaje, es comunicación, empatía, dedicación, compasión, curación, son muchas las cosas que caben dentro del Watsu y para cada uno puede que sea algo distinto, parte, todo o nada.
Bueno, como siempre, demasiadas palabras. Estoy pensando si escribir un diario del curso. Pero no quiero violar la intimidad de ninguno de mis amigos asi que quiero ser muy cuidadoso en este sentido.
Ya os contare


